Nos enseñaste a volar
hasta alturas cimeras
siempre con humildad,
a ser optimistas
ante la adversidad y el desaliento.
Nos enseñaste a caminar sobre el agua
sin ostentar sabiduría
por la simple sed espiritual.
Nos mostraste el sendero
la vida útil, la sencillez
a dormir en cama propia
a vestir austero
a comer despacio
a ser honestos,
a pulsar la guitarra
la pala y el azadón.
Fuiste nuestro escudo hasta el final
desde un ojo a nuestra escuela,
hasta el otro al sustento diario,
por la estabilidad de la estirpe
por la alegría de vivir en familia.









